¿Alguna vez te has sentido tan intimidado y abrumado por alguna situación de la vida en la que le ha parecido que ya Dios no está contigo o que por lo menos a él pareciera no importarle tus circunstancias? ¿Y cómo sería si esa aparente ausencia durará mucho tiempo al punto de experimentar un gran vacío o soledad existencial?
A través de la historia, creyentes reconocidos por su fe y obras de amor por los demá han llegado a experimentar esa sensación de abandono y vacío de manera muy intensa. Algunos han llamado a este periodo “La noche oscura del alma”. Por ejemplo, hace algunos años, se publicó un libro, llamado Ven, sé mi luz (2008), sobre la Madre Teresa de Calcuta en el que se hicieron públicas sus luchas espirituales más profundas. En unas cartas que ella había enviado a sus directores espirituales les confesaba lo siguiente:
“…Desde el año 49 o 50 tengo esta terrible sensación de pérdida—esta oscuridad indecible—esta soledad—este continuo anhelo de Dios—que me causa ese dolor en lo profundo de mi corazón.—La oscuridad es tal, que realmente no veo—ni con la mente ni con el corazón.—El lugar de Dios en mi alma está vacío.—No hay Dios en mí.—Cuando el dolor del anhelo es tan grande—sólo añoro una y otra vez a Dios—y es entonces cuando siento—Él no me quiere —Él no está allí—[…] Dios no me quiere.—A veces—sólo escucho a mi corazón gritar—«Dios mío» y no viene nada más.—No puedo explicar la tortura y el dolor. Mi corazón está lleno de oscuridad y soledad y en continuo dolor…” (Kolodiejchuk, 2008).
El dolor que esta gran mujer llevaba muy dentro de su alma no era evidente para nadie. Ella se enfrentaba muy sola a esta difícil prueba de fe mientras continuaba conduciendo a los necesitados hacia Jesús. De hecho, en el mismo libro se narra cómo el resto de sus compañeras de misión nunca la vieron perder “el equilibrio” emocional en ningún momento aún bajo las circunstancias más difíciles. Ella mostraba una alegría y una paz sobrenatural. Varios años después, la Madre Teresa narra cómo volvió a experimentar de manera muy real la presencia de Dios en su vida (Kolodiejchuk, 2008).
Si hoy te encuentras en esa oscuridad, recuerda que la ausencia de sentimientos no es equivalente a la ausencia de Dios. Tu dolor tiene un propósito y no estás solo en el desierto.
Preguntas para la reflexión personal:
- Al examinar tus crisis actuales, ¿logras diferenciar entre la ausencia real de Dios y la simple ausencia de emociones o respuestas inmediatas?
- La Madre Teresa mantuvo su servicio externo intacto a pesar de su desierto interior. ¿De qué manera puedes seguir honrando tus compromisos y propósitos aun cuando no experimentes una motivación interna?
Bibliografía:
- Kolodiejchuk, B. (2008). Ven, sé mi luz. (P. Cervera, Trad.) Barcelona, España: Planeta.

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