Hemos recorrido un camino de 4 post sobre los diferentes tipos de yugos. Desarmamos el yugo de la pura apariencia que nos hace vivir esclavos del estatus, y el yugo de la pura exigencia que nos quema en el activismo. Hoy, en el cierre de nuestra serie, volvemos a escuchar los versículos con los que empezamos, pero esta vez con el corazón más limpio:
«Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma. Pues mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana» (Mateo 11:29-30, NTV).
Quizás te preguntés: Carlos, ¿por qué el yugo de Jesús es liviano si la vida adulta sigue siendo difícil, los problemas familiares aparecen y la economía aprieta?
La respuesta está en la física del yugo. Como terapeuta familiar y misionero, me encanta recordar que el yugo de madera siempre se construía para dos animales. Cuando Jesús te dice «Pónganse mi yugo», lo que te está proponiendo es hacer yunta con Él. Él se coloca al otro lado de la madera. El secreto no es que la carga desaparece, sino que la carga más pesada, el esfuerzo mayor y la dirección del arado los lleva el buey fuerte: Jesús mismo.
Con Él no tenés que usar máscaras de éxito, ni esconder tus crisis de la edad madura, ni sobreocuparte para demostrar que valés. Él es humilde y tierno; te recibe exactamente tal y como estás hoy: cansado, con dudas o desgastado.
En la economía del Reino de Dios, el descanso no es un trofeo de graduación que te ganás al final de la jornada si hiciste todo perfecto. El descanso en Jesús es el fundamento diario, el punto de partida que tu alma necesita para poder levantarse a caminar cada mañana.
Cuando caí en aquella depresión que les conté en la entrada anterior, después del evento masivo en la UCR, un amigo cercano me dio un consejo que me salvó la vida. Me dijo: «Carlos, sacá un espacio en la mañana, uno al mediodía y uno en la noche. No te obligués a leer grandes capítulos. Solo tomá la oración del Padre Nuestro, leéla despacio y orála frase por frase».
Ese ejercicio fue mi salvavidas. Dejé de intentar impresionar a Dios con mis oraciones y empecé a descansar en su paternidad, a orar los textos bíblicos en silencio y a dejar que el Espíritu Santo me sanara. Dios me sacó adelante un día a la vez.
Hoy Jesús te está invitando a un ritmo diferente. Un «pura vida» real y eterno que restaura tu salud emocional y espiritual.
Tu ejercicio práctico para esta semana:
Te propongo un reto muy directo. Conseguí un post-it o una hojita de papel en blanco en tu escritorio. Escribí ahí, con nombre y apellido, esa carga específica que has estado intentando llevar completamente solo (un problema con tu hijo adolescente, una deuda, el miedo al futuro profesional, la culpa de no ser perfecto).
Una vez escrita, colócate en actitud de oración, cerrá tus manos sobre el papel y decile a Jesús: “Señor, aquí te entrego esto de manera simbólica. Ya no puedo más solo. Me pongo tu yugo y acepto tu descanso”. Dejá el papel en tu Biblia o un lugar visible como un recordatorio diario de que el peso ya no es tuyo. Es de los dos.

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