Cuando Jesús nota el toque de la mujer, que había estado enferma por muchos años, la narración alcanza su clímax y se presenta su respuesta de manera inesperada. Él se detiene y establece voluntariamente contacto con ella, no solamente retribuyendo su fe, sino que exponiéndose él mismo de forma vulnerable también. Su decisión de dedicarle toda la atención a esta mujer marginada es una resolución audaz, singular, sosegada y exacta.
Jesús le entregó una solución audax y singular porque nadie había hecho algo parecido antes. Por un lado, la mujer no solamente había sido sanada milagrosamente sino que había quedado limpia sin tener que cumplir los rituales de la ley. Por otro lado, el remedio fue tan exacto que no solo sanó la aflicción física de la mujer sino que también le dio una nueva identidad, calificándola como “hija” de Dios. Finalmente, Jesús no se dejó llevar por la premura y la presión social de la situación, sino que sosegadamente detuvo su marcha y tomó tiempo para relacionarse con esta mujer de una manera plena, enviándola sin sufrimiento y en paz con ella misma, con la sociedad y con Dios.
El Nuevo Testamento menciona una y otra vez a la multitud que seguía a Jesús y que presenciaba de manera pasiva su accionar; una masa que lo apretujaba, pero que no establecía contacto personal con él. En los evangelios, solamente hay cuatro casos de personas específicas a las que Jesús abiertamente les reconoció su fe diciéndoles: “Tu fe te ha salvado”. En todos estos casos, la fe se caracterizaba por ser arriesgada, desesperada, inoportuna y poco ortodoxa:
- El caso de esta mujer con la hemorragia (Marcos 5:34).
- El de un ciego indigente llamado Bartimeo (Marcos 10:52).
- El de la mujer que derramó perfume en los pies de Jesús (Lucas 7:50).
- El de un extranjero leproso que regresó a dar gracias (Lucas 17:19).
A todas estas expresiones vulnerables de fe, Jesús les respondió con la misma intensidad y se les mostró de manera única.
Preguntas para la reflexión personal:
- Jesús detuvo su marcha urgente por una causa justa para atender una necesidad marginada. En tus dinámicas diarias, ¿estableces límites a la prisa profesional para brindar un espacio sosegado y con presencia plena a las personas que te rodean?
- ¿Cómo estás respondiendo e interactuando con las expresiones de vulnerabilidad de tus seres queridos y de los colaboradores con quienes te relacionas día a día? ¿Les estás dando su verdadero lugar?
Bibliografía:
- Reina-Valera (1960). Santa Biblia. Sociedades Bíblicas Unidas.
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