“Cuando nos preguntamos honestamente qué personas significan algo en nuestra vida, encontramos a menudo que no son las que nos dan consejos o ‘soluciones’, sino las que han elegido compartir algo de nuestro dolor con nosotros y nos tocan esas heridas con manos calientes y blandas” (Nouwen, 1990).

El ser humano necesita dar y recibir afecto. El tacto es el canal principal por el cual nos vinculamos con el mundo. De hecho, cuando acabamos de nacer, los vínculos más importantes se establecen principalmente a través del tacto. Se ha comprobado también que este sentido es el último que se pierde cuando se agoniza.

Muchas veces, el necesitar afecto físico es interpretado por la sociedad, cada vez más individualista, como debilidad. Pero al contrario, mucho se ha dicho a través de diferentes estudios que cuando se le niega al ser humano los abrazos y las expresiones de afecto físico, su salud tiende a debilitarse e incluso podría llegar a morir.

Está claro que a través del contacto físico una persona puede comunicar una gran cantidad de emociones como lo son la alegría, el amor, la compasión e incluso el enojo, entre muchas otras más. Pero en el Nuevo Testamento encontramos ejemplos de cómo también a través del tacto se puede comunicar fe, perdón y sanidad. Y es que aunque la fe se exprese de cualquier manera, si se deposita en Jesús, trae beneficios, no solamente religiosos sino sociales y emocionales, que se ven reflejados de varias maneras en la calidad de vida de aquellos que deciden confiarle su vida a él.

Preguntas para la reflexión personal:

  1. En una sociedad que a menudo confunde la necesidad de afecto con debilidad, ¿cómo estás evaluando y atendiendo tu propia necesidad de conexión humana y comunión espiritual?
  2. ¿Quiénes han sido esas personas con «manos calientes y blandas» que, en tus momentos de mayor dolor, eligieron acompañar tu herida en lugar de darte recetas o respuestas prefabricadas?

Bibliografía:

  • Nouwen, H. J. M. (1990). The Wounded Healer: ministry in contemporary society. New York, NY: Image Books.

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«Usted no es lo que hace. Puede y debe evaluar sus comportamientos y su rendimiento para poder mejorarlos, pero nunca cometa el error de evaluar su esencia o su valía como ser humano basándose en ellos.» (Albert Ellis, Usted puede ser feliz: Terapia racional emotiva conductual para superar la ansiedad y la depresión, 1999)

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