El reto de la vida espiritual madura consiste en mantener nuestra confianza intacta, incluso cuando las circunstancias y las emociones nos hagan pensar que tal vez Dios ya no está con nosotros. Es una prueba sumamente fuerte para el carácter cuando encaramos de manera crónica la oposición, la miseria humana o bien la aflicción de algún mal físico.

Bill Bright, el fundador de la Cruzada Estudiantil —organización para la cual tengo el privilegio de trabajar—, enfatizaba constantemente un principio vital: el creyente debe poner su fe firmemente en la fidelidad de Dios y en su Palabra, la Biblia, porque ellos nunca cambian. Las emociones son variables, cíclicas y a veces traicioneras, pero las promesas divinas permanecen estables.

Nuestra fe no puede ser un asunto de «buen clima» o condicionada a que nuestro entorno relacional o laboral sea perfecto. Se espera que el seguidor de Jesús actúe con una perspectiva y una estabilidad interior diferentes a las de alguien que aún no ha puesto su confianza en Él. Incluso en las coyunturas más oscuras y en las tormentas más prolongadas de la vida, las palabras de Jesús retumban con fuerza, rompiendo el viento y trayendo paz en medio de la ventisca:

“Tengan por seguro esto: que estoy con ustedes siempre, hasta el fin de los tiempos” (Mateo 28:20).

Preguntas para la reflexión personal:

  1. Cuando atraviesas un conflicto interpersonal o una crisis de salud, ¿tiendes a medir la fidelidad de Dios según la intensidad de tus emociones del día?
  2. ¿Qué pasos prácticos puedes dar hoy para establecer un límite saludable entre tus sentimientos cambiantes y las verdades inmutables escritas en la Palabra?

Bibliografía:

  • Reina-Valera (1960). Biblia de Estudio. Sociedades Bíblicas Unidas.


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«Usted no es lo que hace. Puede y debe evaluar sus comportamientos y su rendimiento para poder mejorarlos, pero nunca cometa el error de evaluar su esencia o su valía como ser humano basándose en ellos.» (Albert Ellis, Usted puede ser feliz: Terapia racional emotiva conductual para superar la ansiedad y la depresión, 1999)

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