La flexibilidad de la familia es puesta a prueba durante la adolescencia de los hijos

Al igual que necesitamos ejercitarnos para mantener la flexibilidad de nuestras articulaciones para que podamos desempeñarnos óptimamente, es muy importante también preservar la flexibilidad en el funcionamiento familiar. Al igual que el cuerpo humano se va poniendo rígido con el paso de los años, los matrimonios pueden perder su capacidad de adaptación ante las nuevas circunstancias que acompañan el crecimiento natural de los miembros de su familia.

Las parejas en crisis, y que llegan a terapia, tienen muchas veces en común que han aprendido a funcionar solamente de una única manera. De la misma forma en que el cuerpo sufre cuando pierde su elasticidad, una familia puede enfermarse cuando el padre y la madre ha perdido su capacidad de adaptación o de alternarse conductas complementarias y simétricas ante las dificultades que presenta la vida y los cambios de su contexto (Nardone, 2013).

Todo, lo que les funcionaba antes y que los ayudó a llegar hasta aquí con éxito, de repente ya no parece funcionar ni ser suficiente para esta nueva etapa de vida.

Con la llegada de la adolescencia, se disparan nuevos temores. En las sesiones de terapia se vuelve evidente como las familias, que tienden a sentirse amenazadas por las influencias del mundo exterior, reaccionan estimulados por la ansiedad de maneras poco funcionales al buscar protegerse y apartarse de él. De hecho, muchas veces las razones para hacerlo tienen alguna justificación de tipo religioso (o étnico). Parte del problema son las soluciones intentadas, principalemente por el padre y la madre ante las amenazas externas, que tienden a complicar las relaciones y a colocar eventualmente a toda la familia en una crisis.

Esto sucede, principalmente, porque los padres y las madres establecen un conjunto de reglas más estrictas y una distribución roles más rígida con el propósito de defenderse de la influencia del entorno. Sin embargo, es también común que esta rigidez comience a interferir con la socialización de los hijos y demás miembros. Estas familias, que se sienten muy diferentes al mundo que las rodea, se inclinan por fortalecer su pertenencia a una religión o a un grupo social minoritario como un mecanismo de protección (Pittman, 1995).

Estas reglas tan rígidas terminan encerrando a los miembros de la familia en una especie de burbuja protectora. Parte de lo perjudicial de estos intentos de solución es que así como se resguardan ante los peligros externos, también se privan de recibir cualquier tipo de recurso que lleguen a necesitar de afuera.

Según lo observado por varios terapeutas, la flexibilidad del sistema familiar tiende a ser puesta a prueba cuando los más jóvenes de la casa se vuelven adolescentes. Es importante subrayar que los sistemas disciplinarios que tienden a la flexibilidad excesiva, por parte de los padres o madres, que pareciera que han renunciado a guiar a sus hijos e hijas, tampoco tienden a pasar la prueba durante esta nueva etapa de vida.

Desde hace mucho tiempo, Jean Piaget había llegado a la conclusión de que los menores de edad aprenden, a través de sus actos y de sus consecuencias, no solamente a conocer el mundo, sino que también qué tan capaces pueden ser. Entonces, cuando los padres rescatan o sobreprotejen a sus hijos a toda costa de experimentar las consecuencias naturales de sus actos, los jóvenes eventualmente tienden a manifestar problemas de socialización o de tipo clínicos (Balbi, 2013).

Referencias

Balbi, E. (2013). Adolescentes violentos : Con los otros, con ellos mismos. Herder Editorial. Barcelona.

Nardone, G., Giannotti, E., & Rocchi, R. (2013). Modelos de familia: Conocer y resolver los problemas entre padres e hijos. Herder Editorial. Barcelona.

Pittman, F. S. (1995). Momentos decisivos: Tratamiento de familias en situaciones de crisis. Paidós. Barcelona


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«Usted no es lo que hace. Puede y debe evaluar sus comportamientos y su rendimiento para poder mejorarlos, pero nunca cometa el error de evaluar su esencia o su valía como ser humano basándose en ellos.» (Albert Ellis, Usted puede ser feliz: Terapia racional emotiva conductual para superar la ansiedad y la depresión, 1999)

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