Por Carlos Tenorio

Como padres y madres nos pasamos bastante tiempo del día enseñándole a nuestros pequeños a que aprendan las normas básicas de higiene y orden, a recoger sus juguetes, a bañarse bien, a lavarse la manos y, como buenos ticos,  les lavamos los dientes  después de cada comida (mínimo tres veces al día).  Somos muy conscientes de la importancia de la limpieza y de como esto nos mantiene sanos; pero, ¿por qué no le dedicamos el mismo tiempo y energía  a enseñarles hábitos que les procuren una excelente salud mental?

limpieza

Como parte de la investigación para mi tesis, aprendí lo significativo que es ayudarle a los niños a aprender a «pensar bien».   Después de 6 sesiones de trabajo con niños en edad escolar, se notó una mejora substancial en su capacidad de distinguir cuales pensamientos eran ilógicos y poco sanos.  Cuanto más grande el niño, más capacidad tiene de poner atención a sus pensamientos.

Como padres debemos estar vigilantes y ayudarle a los pequeños a que «limpien» su mente de las ideas poco sanas cambiándolas por pensamientos más realistas.   Las ideas de «todo o nada», las generalizaciones en las que se utilizan términos como «siempre» o «nunca»,  el exagerar las situaciones pequeñas, el minimizar sus logros,  el culpabilizarse a si mismo por lo que pasa o bien por las reacciones de los demás, el tender a ver el punto negro en la hoja blanca y el llegar a conclusiones apresuradas sin tener la debida evidencia  son tan solo algunos ejemplos de pensamientos que los expertos han identificado como dañinos para la salud mental siendo incluso causantes de condiciones depresivas en la población mundial.

Todos conocemos personas adultas que se han acostumbrado a pensar de una manera tan poco sana que ya no son capaces de discernir entre lo verdadero o no.  Su visión de sí mismo, del mundo y de su futuro se ha vuelto tan poco constructiva que dejan paulatinamente  de ser capaces de responder ante las demandas de la vida de manera adecuada.  Es por eso que se debe trabajar en la prevención con los que van para grandes.   Los padres o encargados podemos convertirnos en guardianes de la salud mental de los pequeños ayudándolos por un lado a identificar esos pensamientos alejados de la realidad y,  por otro, a  cambiarlos por pensamientos más constructivos.


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«Usted no es lo que hace. Puede y debe evaluar sus comportamientos y su rendimiento para poder mejorarlos, pero nunca cometa el error de evaluar su esencia o su valía como ser humano basándose en ellos.» (Albert Ellis, Usted puede ser feliz: Terapia racional emotiva conductual para superar la ansiedad y la depresión, 1999)

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